¡Qué bueno que viniste! / José Luis Cortés.
Tipo de material:
TextoSeries Colección "Biblioteca Cortés" ; no.2.Detalles de publicación: Madrid : Editorial PPC (Promoción Popular Cristiana) , 2008.Edición: 3a. edDescripción: 139 p. : il. ; 24 cmISBN: - 9788428817455
- 241 C828q 23
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Biblioteca Seminario Provincial Calasanz General | Biblioteca Seminario Provincial Calasanz | Col. General | 241 C828q (Navegar estantería(Abre debajo)) | Ej.1 | Disponible | BPSC005227 |
Incluye índice.
El rey Herodes no supo nunca lo que era un teléfono móvil, ni María santísima, con todo lo lista que era, tuvo nunca idea de lo que era el IBEX 35. Todos los personajes que aparecen en los evangelios de la infancia de Jesús habrían tenido dificultad para comprender una frase del tipo de: "Conecte el extremo modulador del adaptador del cable a la toma de corriente de la estación base".
Pero exactamente lo mismo ocurre al revés. Lectores de un evangelio que fue escrito hace dos mil años (cuando la gente se saludaba diciendo "ave"), nosotros corremos el riesgo de no entender, o de entender mal, lo que allí se dice sobre anunciaciones, encarnaciones, primas, nacimientos, pastorcillos, magos y ángeles de primera, segunda y tercera generación.
Este libro hace un esfuerzo por devolvernos, con dibujos claros, lenguaje directo y un desenfado que se agradece, lo que quienes contaron la infancia y adolescencia de Jesús quisieron transmitirnos. El buen mensaje (eso significa "evangelio") que sirvió a miles, a millones de hombres y mujeres como nosotros para dar un sentido a sus vidas, que es lo más que se puede pedir.
No todos estarán de acuerdo con la lectura que aquí se hace: en los tiempos que corren parece que se lleva más un San José con Alzheimer, una Virgen sin sabañones, unos magos muy reyes y un niño Jesús sin problemas de retención de orina... Paciencia. Todo eso podría admitirse si no fuera porque el evangelio está ahí, con sus pobres de verdad, su amor humano de verdad, su bondad que poco tiene que ver con la claridad de una vez a la semana.
Porque quizás solo así tenga sentido el mensaje de Jesús fuera de los templos: en la familia, en el autobús, en el trabajo..., como cuando María, aquella mañana, entrando por primera vez en el taller del carpintero José, se dijo a sí misma: "Pues tampoco es tan viejo como lo pintan".
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