02444nam a2200253Ia 45000010005000000030004000050050017000090080041000260200015000670400011000820410008000930820022001011000039001232450040001622500010002022600054002123000025002664900028002915010052003195201733003715460014021046500024021186500048021423379OSt20191105161840.0190219s1989 ck gr 000 f spa d a9580409773 cBLFCCB0 aspa0 aUr863.6bQ8342211 aQuiroga, Horaciod1878-1937eAutor13aEl hombre muerto /cHoracio Quiroga a1 ed. aSanta Fé de Bogotá :bEditorial Norma,c1989. a148 - 57p. ;c18 cm.0 aColección Cara y Cruz aCon: A propósito de Horacio Quiroga y su obra2 aTerminaba de hacer limpieza en la quinta calle del bananal el hombre y su machete. Él hombre muy satisfecho decidió descansar un rato en el pasto, cruzo el alambrado y su pie izquierdo resbaló sobre una cascara y se le escapó el machete, mientras caía el hombre, no veía por ningún lado el machete, estando tendido en el pasto, el hombre había caído como hubiera querido caer, de rodillas, pero cuando intento mover la cabeza, fue en vano, sino que de reojo, pudo ver tras el antebrazo por debajo del cinto, surgía la empuñadura del machete, y la mitad de la hoja del machete , pero el resto no se veía. Pues en su mente hizo cálculos de cuanto era la trayectoria del machete que estaría dentro de su vientre, y es allí que llegó a entender el término de su existencia. La muerte, no han pasado ni dos segundos y el hombre sigue ahí tendido, abriendo los ojos y mirando, es tan resistente y piensa que es una pesadilla. El hombre puede ver a lo lejos, desde el duro suelo el techo rojo de su casa y escucha los pasos del caballo, en el puentecito, es el joven que todo los días pasaba por allí, sabe qué horas es, once y media y sabe que distancia hay de, el camino hasta el cerco quince metros. Así que nadie pensaría lo que lo está pasando, porque es uno de esos tantos días en que él está en su potrero, en su bananal. Solo él es distinto. Él hombre muy fatigado, pero no es que haya resbalado, si él sabe cómo se maneja un machete de monte, se resiste a aceptar un echo de esa trascendencia. Ya muy cerca de las doce en punto, su mujer y su hijo salen en busca del hombre, llevándole su almuerzo y a lo lejos oye la voz de su hijo que dice ¡Papá! ¡Papá!. aEspañol14aLiteratura Uruguaya24aNovela Uruguaya, Familia, Muerte, Accidente