Jesús, sí; la Iglesia también : cristología para la nueva evangelización /
Ricardo Blázquez.
- Bilbao : Ediciones EGA , 1995.
- 315 p. : 21 cm.
- Colección Teshuva ; no.5. .
Incluye índice.
La palabra hebrea Teshuvá que significa volver, retornar, responder... tiene un contenido muy grande en la tradición de Israel: es el retorno del pecado del hombre, es la vuelta del Exilio, es el arrepentimiento anual del Yom Kippur. Esta posibilidad del "retorno" ("Teshuvá") la creó Dios al principio, antes de la creación del hombre, para que Adán pudiera volver a Él (Gen. 2,6). La Teshuvá estaba sentada a la puerta esperando a Cain que había matado a Abel para que volviese al Seno de Dios. Este retorno para Israel es más que una "metanoia" (conversión, cambio de mentalidad), es un encuentro personal con el Amor que regenera, transforma y resucita. Es como "volver a nacer" al ser recibido en el seno (rejem) de la misericordia (rajamin) de Dios. Este fuego del amor de Dios al pecador, le transforma la naturaleza como la ganga del hierro en los convertidores de los Altos Hornos viene transformada en acero. Esta transformación o regeneración del hombre (por el poder de la resurrección) lo hace capaz de respuesta a la gracia de Dios y decir Amén al plan de Dios en su historia y geografía. Desde las estructuras viejas de la Cristiandad de hoy, ¿Cómo ofrecer la posibilidad del retorno al hombre alejado de hoy que sufre esclavizado por el consumismo más atroz que le frustra y le deja vacío? ¿Es posible que un terrorista, delincuente, drogadicto, borracho, homosexual, prostituta, matrimonio roto, un egoísta... pueda volver al Seno de Dios y ser transformado en una criatura nueva? Esta naturaleza de ser hijos de Dios y poder amar gratuitamente a nuestros enemigos es la Teshuvá. Pasó lo viejo, todo es nuevo por el anuncio del Kerigma. Esta nueva colección que hoy iniciamos pretende llegar a las fuentes del cristianismo para ser transformados por ellas. En el corazón de la Nueva Evangelización nos encontramos con la potencia de la Teshuvá y el Rejamín, que nos regeneran con la naturaleza celeste de Cristo. De esta forma la Iglesia, Cuerpo de Cristo en la tierra, será sacramento de salvación, del amor en la dimensión de la Cruz y de unidad para el mundo.