Los dones del Espíritu Santo / Marie Michel Philipon ; traducido por José Manuel García de la Mora y Mercedes Gimero de García de la Mora.

Por: Colaborador(es): Tipo de material: TextoIdioma: Español Lenguaje original: Francés Detalles de publicación: Barcelona : Editorial Balmes , 1966.Descripción: 423 p. : 17 cmOtro título:
  • Les dons du saint-esprit
Tema(s): Clasificación CDD:
  • 248.4 P549d 23
Resumen: El tratado de los Dones del Espíritu Santo constituye la clave de la teología mística. Ignorar la teología de estos Dones es desconocer la acción más secreta de Dios en el mundo, en la Iglesia y en las almas. La acción del Espíritu Santo domina el mundo; la verdadera historia de la Iglesia es la de Pentecostés, continuada en las almas. Día y noche, por encima de nuestras agitaciones humanas, la indivisible Trinidad está inclinada sobre nosotros para divinizarnos. Un mismo Espíritu anima a la Trinidad y a la Iglesia: une al Padre y al Hijo en la Unidad de una misma beatitud divina; anunció a los Patriarcas las divinas promesas; inspiró a los Profetas; santificó a todos los justos del Antiguo Testamento. Él animaba, en cada uno de sus actos, al Verbo encarnado, y a su Madre, la Corredentora del mundo. Él ayudó a los Apóstoles y discípulos de Jesús, como asiste a sus sucesores y a los fieles de todos los tiempos, para llevar a cabo, a través de los duros combates de la Iglesia militante, la obra salvadora de Cristo, y edificar la Ciudad de Dios. El soplo multiforme del Espíritu se adapta a todos los tiempos y a todos los lugares, a todos los estados de la vida, a todos los grados de la cultura y de la civilización. La infinita variedad de las obras divinas brota de un mismo Espíritu de Amor. El P. Philipon estudia los Dones del Espíritu Santo bajo esta luz: no con espíritu de escuela, sino en clima de Iglesia, con los horizontes de Dios, ya que el disfrute de tales Dones no es algo reservado a una selección de almas místicas, sino que su destino es asegurar la salvación de todos los que creen en Cristo Jesús, y son consecuentes con su doctrina.
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El tratado de los Dones del Espíritu Santo constituye la clave de la teología mística. Ignorar la teología de estos Dones es desconocer la acción más secreta de Dios en el mundo, en la Iglesia y en las almas. La acción del Espíritu Santo domina el mundo; la verdadera historia de la Iglesia es la de Pentecostés, continuada en las almas. Día y noche, por encima de nuestras agitaciones humanas, la indivisible Trinidad está inclinada sobre nosotros para divinizarnos.
Un mismo Espíritu anima a la Trinidad y a la Iglesia: une al Padre y al Hijo en la Unidad de una misma beatitud divina; anunció a los Patriarcas las divinas promesas; inspiró a los Profetas; santificó a todos los justos del Antiguo Testamento. Él animaba, en cada uno de sus actos, al Verbo encarnado, y a su Madre, la Corredentora del mundo. Él ayudó a los Apóstoles y discípulos de Jesús, como asiste a sus sucesores y a los fieles de todos los tiempos, para llevar a cabo, a través de los duros combates de la Iglesia militante, la obra salvadora de Cristo, y edificar la Ciudad de Dios. El soplo multiforme del Espíritu se adapta a todos los tiempos y a todos los lugares, a todos los estados de la vida, a todos los grados de la cultura y de la civilización. La infinita variedad de las obras divinas brota de un mismo Espíritu de Amor.
El P. Philipon estudia los Dones del Espíritu Santo bajo esta luz: no con espíritu de escuela, sino en clima de Iglesia, con los horizontes de Dios, ya que el disfrute de tales Dones no es algo reservado a una selección de almas místicas, sino que su destino es asegurar la salvación de todos los que creen en Cristo Jesús, y son consecuentes con su doctrina.

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