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_qobra completa
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100 1 _aCruz Kronfly, Fernando
245 1 3 _aLa obra del sueño /
_cFernando Cruz Kronfly
250 _a1 ed.
260 _aBogotá :
_bEditorial La Oveja Negra,
_c1985
300 _a232 p. ;
_c19 cm.
490 0 _aBiblioteca de Literatura Colombiana ;
_v16
500 _aIncluye Índice
520 2 _aAlguna vez Robbe-grillet escribió que el hombre no es otra cosa que un montón de recuerdos. Esta literatura nuestra, heredera del surrealismo, parece decir mejor que el hombre no es otra cosa que un montón de sueños. Cuando las obras de los hombres son vividas literariamente a la manera de Fernando Cruz, ellas son descritas como la obra del sueño. Y todo el delirio estético no es más que un gran sueño a la manera de una parábola lúdica. Es el intento de la memoria de aprisionar ese viaje alucinado que es la existencia humana. Pero el viaje del inconsciente no tiene tiempo ni moral. En su vagar al oscuro territorio del deseo es posible tropezarse con fantasmas de todas las especies; desde hadas madrinas hasta brujas tormentosas, desde deseos de amor hasta instintos de muerte pueblan el terreno de lo imaginario. En esa inmensa caja de pandora que es el siquismo humano yacen aprisionados monstruos de mil calibres en incómodo cautiverio. Pero al igual que los grandes de la cultura, el autor ha comprendido que a ese territorio libre del sueño sólo se accede mediante el lenguaje, único vehículo capaz de despertar bajo su conjuro el caótico discurrir de la mente en su paso continuo de lo serio a lo festivo y de lo festivo a lo serio. Este jugueteo incesante provoca risa, erotismo y un cabrilleo fantástico de la imaginación desbordada que canta y recita como también razona con fina sutileza y va tejiendo o entretejiendo un maravilloso brocado de textura literaria. Tres son a nuestro parecer los aportes virtuosos de esta novela, en primer lugar su gran poder evocador redondea un círculo de tres viajes: el de Salomón Nader, emigrante árabe a la conquista de estas tierras; el de Leopoldo Pinto colocado en un cajón sobre los hombros de una mula vuela de huida al servicio militar; finalmente, Eloy Salamando abandona momentáneamente su exilio interior para ir a la búsqueda de su "prometida" muñeca. Tres viajes que confluyen en el solitario viaje interior de Genoveva, protagonista central del relato. Estos viajes sirven de pretexto para narrar el encuentro de dos culturas; la oriental que se contrasta con la nuestra, occidental, desfilando ante los ojos del emigrante. Aquí surge el segundo aspecto destacado en la novela: el contrapunto entre la cultura local que habla en boleros criollos y la gran poesía culta que nos visita y se apropia del paisaje comarcano. Por último es la voz de la mujer la que centra y concentra el drama familiar. Podría decirse que todos los dramas e historias ocurren aquí ante la mirada de la mujer, aquella donde y ante quien "la agresividad y el deseo humano siempre encuentran su pretexto". Ante ese gran espejo que es la madre, la mujer-madre, el hombre trata de desdoblarse y de aprisionar la lógica de su deseo. "Más que una realidad objetiva material parezco estar viviendo el perfil de un deseo que alguna vez tuve" dice. Es ése el deseo que el hombre siempre tuvo: el retorno a sus orígenes, esto es, a los orígenes de su propio deseo que no es otro que la madre. Pero encontrarse en el delirio que alucina sus orígenes es ponerse de frente ante la muerte a la vez temida y deseada. "Tan sólo esperaban la muerte y para conseguirlo habían elegido la vida". Llegado cierto momento un personaje de la novela pregunta: "¿Y qué nos queda?". A lo que contesta el otro: "terminar de morir juntos". Esta parece ser la final complicidad entre el odio, el amor y la muerte. "Doloroso, sin duda, pero absolutamente misterioso y fascinante: deseado". Cirio A. Roldán J.
546 _aEspañol
650 1 4 _aLiteratura Colombiana
650 2 4 _aNovela colombiana, Sueños, Existencia Humana
942 _cLIBRO
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